recuperación

Para las personas que han encontrado el mundo de las drogas, el proceso del vacío interior es intenso y por eso muchas veces parece que ya no hay esperanza. La recepción en Fazenda da Esperança se realiza a través de la libertad de la persona al escribir una carta solicitando ayuda. La carta es un documento, el primer y más importante paso para dar fe de este libre albedrío y el deseo de recuperación.

La persona que llega a la finca se da cuenta de que no hay portón con todo cerrado, es decir, quien está ahí está porque quiere. Para aquellos que ya no creen en nada, esta es una oportunidad para encontrar un nuevo estilo de vida.

En la finca el ambiente familiar es muy importante, las casas están estructuradas para brindar convivencia. Las personas acogidas tienen la experiencia de sentarse juntas a la mesa para las comidas, socializando al realizar diversas actividades en grupo, como el trabajo diario y el deporte.

En el proceso inicial, el anfitrión mantiene contacto con la familia solo a través de correspondencia. Este período dura tres meses hasta la primera visita.

En los primeros tres meses, la finca permite que la familia participe en la capacitación. Tratamos de crear un diálogo con los familiares, porque en las familias hay personas que sufrieron, estuvieron de lado, intentaron, pero no pudieron ayudar al adicto. Es decir, el ambiente familiar, propio de la Finca, se extiende al hogar del joven o adulto que se encuentra en recuperación. 

Pasados ​​los tres primeros meses, los acogidos se familiarizan con el carisma de la Esperanza y reciben la visita de sus familiares, quienes suelen percibir el cambio de la persona acogida. De esta forma, la familia está preparada para entender que la persona está bien, pero aún no es el momento de llevarla a casa.

El anfitrión debe completar la propuesta de un año y vivir bien cada etapa para que no ocurra una recaída más adelante.

La gran diferencia de la granja femenina es acoger a mujeres embarazadas y madres con sus hijos. A diferencia de otras comunidades y clínicas de recuperación, Fazenda da Esperança considera importante que la madre tenga a sus hijos cerca y no se aleje durante el período de 12 meses.

Estas mujeres atraviesan un camino de acompañamiento, donde el amor transforma tantas vidas y la familia adquiere un significado aún mayor.

Las tres columnas de una finca son trabajo, espiritualidad y vida comunitaria: convivencia. Estos elementos caracterizan el método utilizado para la recuperación de los acogidos, y a través de ellos el dolor se transforma en amor. Para las personas que han experimentado el sufrimiento causado por las drogas y la liberación de adicciones, es mucho más que una recuperación, es descubrir un nuevo estilo de vida, es descubrir a Dios.

Esta estructura evolucionó en la vida diaria, a partir de la experiencia del Evangelio, como una actividad necesaria para los acogidos.


Espiritualidade


La espiritualidad es el punto principal del trípode de la recuperación, da sentido a los demás. Es a través de la espiritualidad que el anfitrión tiene la oportunidad de conocer un nuevo estilo de vida, poniéndolo en práctica en la vida cotidiana.  

Este descubrimiento, desde la experiencia del Evangelio, ayuda a dar un impulso en la vida diaria de cada persona en recuperación, y cuando esto se extiende a la familia, hace que el regreso a casa sea una continuación de todo el aprendizaje durante los 12 meses. vivía en la granja.


Trabajar


A través del trabajo se puede poner en práctica la espiritualidad para que se experimente lo que Dios inspira. En el relato de la creación, Dios trabajó durante seis días, realizó todo el trabajo, creó y luego encomendó al hombre que continuara. Así, en la finca, los jóvenes dentro de un año tienen la posibilidad de darle un nuevo significado a esta actividad, y luego de cumplir 12 meses, poner en práctica su regreso a la sociedad.  

El trabajo debe producir comunión y, sobre todo, confianza en la providencia divina, sentido que llena el corazón y trae alegría. Con el trabajo se puede ir más allá y amar y vivir concretamente la Palabra. La exitosa realización de este pilar hace que el (los) anfitrión (s) valoren sus ideales, recuperen su fuerza, creatividad, autoestima y esto también se refleja en la convivencia, una columna que completa este trípode.


Convivencia


Antes de ser acogido, convivir con familiares y amigos se sacudió o ni siquiera existía. Dentro de la finca, las relaciones y el espacio se estructuran de manera que, la mayor parte del tiempo, la persona tiene que convivir con otros.

Las comidas se realizan en comunidad, las salas divididas en grupos, así como la mayoría de los momentos de ocio, prácticamente no hay trabajo individual, salvo para quienes, por ejemplo, quieren leer un libro; e incluso aquellos que se van a la capilla deben establecer una relación con Dios.

Todo esto para que cuando lleguen los conflictos, las personas acogidas tengan la posibilidad de aprender a superar y no buscar evitar situaciones difíciles. Es en ese momento que pueden ver sus propios defectos y conocer sus limitaciones personales. Y, sin embargo, apoyados en la experiencia de la Palabra, dar la oportunidad de nuevos desafíos y actitudes.


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